
Para tratar de dar respuesta a esta pregunta nos basaremos en dos puntos cardinales:
El primero es el origen y objetivo del panamericanismo. El segundo, las posturas adoptadas por algunos países miembros de la OEA en la crisis actual de Honduras. Ambos aspectos nos darán dos razones para salir de esta organización, con argumentos estratégicos.
De tomar como pivote la primera razón, la del panamericanismo, estaríamos revindicando a Bolívar, esclareciendo su sueño y liberándolo de tergiversaciones. Sería una reconciliación verdadera con el Bolivarianismo, no habría arado en el mar nuestro Quijote, y habrían fracasado por fin: “los espíritus legalistas” de los Santander de todas las épocas.
De tomar la segunda, la del golpe de Estado “legalizado” de Honduras, nos estaríamos cuidando en salud, ante escenarios futuros no muy lejanos ni remotos, donde la Revolución Bolivariana entrará necesariamente en confrontación con la legalidad oligarca, es decir, en la medida que se profundice la Revolución Socialista, entonces la OEA ejercerá su rol originario de defensa de los intereses imperiales.
La OEA funge como amarra, como ancla, como lastre, que nos impide levantar vuelo hacia el Socialismo.
OEA HIJA DE SANTANDER
La OEA es producto de la derrota de Simón Bolívar (en su momento histórico), de consolidar un bloque hispanoamericano capaz de hacer frente económica y militarmente a los imperios de Inglaterra, Francia y el naciente Estados Unidos. El Libertador convocó a la anfictionía en 1826, en el Congreso de Panamá. Allí propuso conformar la Gran Patria, cuya extensión abarcaría lo que hoy es Hispanoamérica. Asistieron representantes de la Gran Colombia (que abarcaba los actuales Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela), Perú, Bolivia, México, y las Provincias Unidas del Centro de América (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, y Costa Rica).
Simón Bolívar, expresaba: "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación […] Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; [...] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojala algún día tengamos la fortuna de instalar allí, un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, para tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa..." (Carta de Jamaica 1824).
Desde el llamado del Libertador se activaron toda clase de intrigas y traiciones para impedir su cometido. En lugar de la propuesta antiimperialista de Bolívar, Santander fiel reflejo de los espíritus legalistas, comienza a reducir el sueño hispanoamericano a fórmulas norteamericanas o europeas, enmarcadas en el respeto por las leyes del orden existente, y logra imponer en el mediano y largo plazo el panamericanismo cuyo único principio válido es el de la sumisión a los Estados Unidos. Triunfa así la máxima de la Doctrina de Monroe “América para los [norte] Americanos”.
Una ferviente admiración de Santander por los Estados Unidos es ampliamente referenciada en el libro de Francisco Pividal, Bolívar: Pensamiento precursor del antiimperialismo, del cual extraeremos fragmentos de las cartas y parte de su análisis:
“Con respecto a los Estados Unidos, he creído conveniente invitarlos a la augusta Asamblea de Panamá, en la firme convicción de que nuestros íntimos aliados no dejarán de ver con satisfacción el tomar parte en sus deliberaciones de un interés común a unos amigos tan sinceros e ilustrados…”[Santander a Bolívar, Bogotá, 6/2/1825, Pág. 173]
Bolívar intuyendo los peligros de la instauración del panamericanismo y de la visión inminentemente comercial de Santander contesta:
“Creo que el gobierno de Colombia puede llevar a mal el que se haya publicado la invitación hecha a los Estados Unidos sin saber su resultado. Los negocios políticos son infinitamente delicados.” [Bolívar a Heres, Cuzco, 7/7/1825, Pág.182]
“He visto la carta en la que usted me propone sea yo el protector de la compañía que se va ha establecer la comunicación de los dos mares por el istmo…me ha parecido conveniente no solo no tomar parte del asunto, sino que me adelanto a aconsejarle que no intervenga usted en él…por mi parte estoy bien resuelto a no mezclarme en este negocio ni en ningún otro que tenga un carácter comercial.” [Bolívar a Santander, Magdalena, 22/2/1826, Pág.183]
La invitación hecha por Santander desconociendo los consejos de Bolívar, fue un duro golpe a la integración. Bajo la máscara de defender a los “débiles” del imperio inglés y francés, los Estados Unidos se convirtieron en americanos solo para colocarse al mando de los países hispanoamericanos.
La razón fundamental en que los Estados Unidos chocaban en contra del ideal integracionista de Bolívar era la abolición de la esclavitud, que en ese momento representaba cambiar el sistema económico de producción. Los partidarios del esclavismo declaraban sin rodeo que veían un peligro en el Congreso Anfictiónico de Panamá.
Con el enemigo en casa, finalmente el congreso acordó un “Tratado de la Unión, de la Liga, y de la Confederación perpetua” que emergió del congreso, ratificado en última instancia solamente por La Gran Colombia, la cual, cuatro años más tarde se disuelve. El Congreso logró reunirse, años después, en Tacubaya, a convocatoria de México. Sus acuerdos tampoco se concretaron. Bolívar, enterado del fracaso del Congreso de Panamá, dijo: "El Congreso de Panamá sólo será una sombra".
Con paciente laboriosidad los Estados Unidos demoraron 63 años para desvirtuar el ideal del Libertador, echar por tierra su propuesta y disimulando sus intereses netamente comerciales, instauraron la Primera Conferencia Panamericana (1889-1890), celebrada en Washington DC, la cual aumentó el comercio de los Estados Unidos con el resto de América del Sur, establecieron el padrón de plata, uniformidad en sistemas de pesos y medidas, los derechos de patentes, autor y marcas, medidas sanitarias y de cuarentena para los barcos y estableció en cada país la Oficina Internacional de Repúblicas Americanas. Todos los gobiernos del hemisferio, salvo República Dominicana asistieron. Estas Conferencias Panamericanas, se siguieron celebrando hasta el año 1954 cuando se creó la Unión Panamericana y luego la Organización de Estados Americanos (OEA). La OEA es entonces producto del triunfo de la propuesta de Santander y la derrota del ideal bolivariano.
LA OEA Y LA CRISIS DE HONDURAS
La crisis de Honduras del año 2009 ha sido un laboratorio de política internacional para la Revolución Bolivariana. Hemos seguido con detenimiento los pasos de Zelaya, el pueblo, las instituciones y la legalidad, la opinión internacional emanada principalmente por la OEA.
La Carta democrática de la OEA, instrumento legal que rige el sistema interamericano reza:
Artículo 2.- El ejercicio efectivo de la democracia representativa es la base del estado de derecho y los regímenes constitucionales de la OEA. La democracia representativa se refuerza y profundiza con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía en un marco de legalidad conforme al respectivo orden constitucional.
Artículo 3.- Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos.
Artículo 19.- La ruptura del orden democrático constituye, un obstáculo insuperable para la participación de un gobierno en las sesiones de todos los órganos de la Organización.
Los artículos anteriores tratan de maquillar la hipocresía del sistema capitalista. Al final, esta organización defenderá al sistema cueste lo que cueste. Tiene la potestad de denominar a un país como democrático siempre y cuando cumpla con los patrones capitalistas. En el caso de Zelaya, que sonrió con Cuba y aplaudió a la ALBA, entonces automáticamente se le calificó de dictadura, fue derrocado y ahora los miembros capitalistas de la OEA, intentan legalizar el fraude electoral.
En Diciembre, luego de las elecciones post golpe de Estado, en una reunión en Washington, la OEA se mostró dispuesta a reconocer las elecciones que dieron la victoria al usurpador Pepe Lobo.
El Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza dijo que Lobo es quien “puede convocar a todas las fuerzas democráticas de Honduras a un gran Acuerdo Nacional” y propuso “la creación inmediata de un Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional, que permita iniciar la reconciliación”.
Por otro lado, la jefa de ministros de Brasil, Dilma Rousseff, y candidata a la presidencia, afirmó que su gobierno [el que ella presidirá el año que viene] deberá "considerar" las elecciones presidenciales en Honduras, pues "en Honduras no estábamos discutiendo las elecciones, estábamos discutiendo el golpe de Estado. Hay una diferencia muy grande entre una cosa y la otra. Creo que ese nuevo proceso tendrá que ser considerado: hubo una elección. Debemos hacer una evaluación, vamos a posicionarnos. Pero creo que ahí hay una situación muy turbulenta”.
Siendo Brasil el puente más sólido entre Estados Unidos y el bloque del sur, por adoptar siempre posturas ambiguas, su voz y opinión tendrá mucho peso en el 2010, pues desde ya se auguran para Brasil posturas mucho mas conservadoras que las de Lula.
Honduras regresará a la OEA más pronto que tarde, y esta organización dejará claro (una vez más), que está al servicio del capitalismo.
No hay que ser adivino para vaticinar que cuando el proceso Bolivariano avance y consolide bases firmes al Socialismo, entonces, la OEA intentará degollarnos. Avalarán cualquier cambio “al orden legal” para borrar el ejemplo.
Salir de la OEA debería plantearse como un problema de supervivencia de la Revolución y como una reivindicación histórica del sueño de Bolívar.